06/03/2017 – El difícil camino hacia la empresa de las personas con síndrome de Down

Las familias alertan de que apenas el 3,2% del colectivo ha encontrado un empleo con apoyo en negocios ordinarios

Son una camisetita rosa, un pantalón mínimo, un polo blanco con tres botones negros que Laura González, 24 años, coloca, uno detrás de otro, encima de una mesa. Abre la camisetita, estira el pantalón, coloca con mimo el polo para meterles una percha, para colocarles una pinza, para incrustarles una alarma antirrobo antes de colgar las prendas en un burro.

–¿Un burro?

«Es esto de aquí». Laura, familiarizada ya con el argot laboral del comercio, señala una de tantas estanterías metálicas con ruedas, llenas cada vez con más perchas con ropa que se encargará luego de arrastrar hasta la zona de venta, de «implantar» en tienda, de ordenar por tallas en los estantes para que luego el cliente encuentre cada cosa con facilidad. Laura coge entonces las camisetitas, los pantalones y polos que preparó en el almacén y, junto con su compañera Jessica, los coloca en la superficie de venta de Kiabi, en Río Shopping. Es su trabajo, en el que está en prácticas desde principios de febrero hasta el próximo 28 de abril. Luego, a ver si hay suerte. Laura dice que le encanta, que conseguir un trabajo es uno de los grandes retos que se ha fijado en la vida.

–¿Por qué quieres trabajar?

Después de la pregunta, uno espera una respuesta algodonosa. Que si así consigo más autonomía. Que si puedo demostrar lo que valgo. Que si enseño de lo que soy capaz. Que si es el mejor modo de sentirme útil. Pero Laura contesta con sinceridad. Lo que diría cualquiera, vamos.

–¿Por qué quieres trabajar?

–Pues para ganar dinero. Porque con dinero puedes hacer lo que quieras. Viajar, comprar, salir de fiesta, ir de vacaciones con los amigos. Yluego, tener casa y comprarme un coche.

Lo del coche es importante, dice, porque así no tendría que coger los dos autobuses en los que llega cada mañana desde Covaresa (donde está su casa) hasta aquí, hasta este centro comercial Río Shopping en el que Laura trabaja.

Caso extraordinario

Su historia, que podría ser la de cualquiera, salta a las primeras páginas del periódico porque el suyo no es un caso habitual. Que tenga un empleo «normalizado» en una empresa es extraordinario. Porque Laura, y eso no lo hemos dicho todavía, tiene síndrome de Down. Y no es habitual que las personas con síndrome de Down encuentren un puesto de trabajo en el mercado laboral libre. De hecho, según el Informe de la Discapacidad en España, tan solo el 5% de las personas con síndrome de Down (el 3,2%en Castilla y León) han podido acceder, en algún momento de su vida, a un empleo de este tipo. Lo subraya Manuel Velázquez, presidente de la asociaciónDown Valladolid, un colectivo fundado en 1992, compuesto por cerca de 75 familias y que el año pasado institucionalizó un servicio para promover la búsqueda de empleo. La tarea, vistos los antecedentes, no es fácil. Se fijaron un objetivo y lo han conseguido (que cinco asociados encontraran un trabajo, además de varios contratos de prácticas). Ahora trabajan para incrementar esa cifra y que esas tasas tan escandalosas de desempleo comiencen a bajar.

«El empleo es fundamental porque sin él no hay autonomía ni independencia», explica Velázquez, quien recuerda la doble vía que existe para favorecer la integración laboral de las personas con síndrome de Down. La más habitual es el empleo protegido, en centros especiales. «Es una opción válida, pero nosotros hemos apostado por otra vía:conseguir una inserción laboral en la empresa ordinaria». Defienden que se trata de un modelo que aporta ventajas para todas las partes implicadas. Para el trabajador, en primer lugar, pero también para su familia, para la sociedad en general y para la propia empresa. «Podemos entender los miedos o las incógnitas que puedan tener las empresas sobre el modo en el que responderán los trabajadores, pero es sobre todo desconocimiento. Una persona con síndrome de Down puede responder a la perfección en su puesto de trabajo… y se le ha de exigir, dentro de sus posibilidades, el máximo de lo que puede aportar a la empresa», asegura el presidente del colectivo.

Sagar Hernández es el responsable del programa de empleo en la asociación Down Valladolid, el encargado de hacer tareas de «prospección» en el entramado empresarial de Valladolid. Entra en contacto con los posibles contratadores y atiende las necesidades formativas de los futuros empleados. «Lo más importante en estos casos no es la formación genérica, porque la abstracción es difícil para personas con Down. La mejor forma de funcionar es enseñando tareas concretas, aquello que van a hacer en sus puestos de trabajo». Para ello, desde la asociación diseñan itinerarios personalizados para potenciar las habilidades de cada persona. Ofrecen un apoyo intenso no solo durante la selección, sino también a lo largo del proceso de integración en la empresa.

De ello se encarga Alfonso Rodríguez, preparador laboral, quien, por ejemplo, ha acompañado a Laura durante sus primeros días en Kiabi. «Les ayudamos a integrarse en la dinámica de la empresa, a adquirir las técnicas y habilidades para el puesto en el que están encuadrados». En el caso de Laura, ha habido que reforzar las tareas de doblado, de colgado, de recogida y colocación de las prendas de ropa de la tienda. «Es una labor no solo de almacén, como hacen sus compañeras, sino también de atención en probadores e incluso en tienda. Está preparada para que, si algún cliente le hace alguna pregunta, sepa cómo atenderlo o qué compañera le puede ayudar».

Compañeras como Jessica, con quien esta mañana comparte tareas, o como Diana de la Cruz, quien destaca la plena integración de Laura con sus colegas de trabajo, entre los que se encuentra un trabajador con síndrome de Williams, un trastorno del desarrollo caracterizado, entre otras cuestiones, por una discapacidad intelectual leve o moderada. «Hay empresas que están más concienciadas y eso se nota en cómo acogen y enseñan a sus empleados», aseguran desde Down Valladolid, que en la provincia trabajan, por ejemplo, con Alimerka, C&A, Decathlon, Aciturri, BBVA, Vodafone-Gualda Comunicaciones o Kiabi, donde está Laura.

«Sabemos que mejorar las cifras de empleo entre las personas con síndrome de Down no es fácil. Pero tampoco es fácil subir al Everest», explica Manuel Velázquez, quien entiende que una de las primeras misiones es «acabar con las etiquetas» para favorecer unas contrataciones que son «rentables y beneficiosas». «El empleo con apoyo es mucho más económico para la sociedad», indican desde Down Valladolid, que se han fijado como reto «consolidar el servicio recién creado para tener más personas en la bolsa de empleo, implicar a más empresas y lograr la firma de más contratos».