17/08/2018 – El ciclismo no entiende la igualdad de género ni siquiera en los Juegos Olímpicos

La prueba femenina no pasará por las dos cotas de mayor exigencia y tendrá cien kilómetros menos que la masculina, todo lo contrario a lo que pide la agenda 2020 del Comité Olímpico Internacional

Julia Takacs le dio a España la primera medalla de los Europeos de atletismo, un bronce. En cualquier otro campeonato previo no hubiese existido, pues era la primera vez que la competición veía a las mujeres en la caminata de 50 kilómetros. Se necesitó para ello un tiempo de reivindicación, someter las típicas resistencias conservadoras de las federaciones y, en definitiva, derribar varias barreras. El argumentario previo comentaba que igual no resistían ese kilometraje, durísimo, aunque si se tiene en cuenta que ya desde hace años corrían maratones y que el triatlón femenino está ahí desde que se incluyó el deporte en los Juegos, sonaba un poco endeble la apelación. Ahora, dicen, solo queda igualar la diferencia entre el héptatlon y el décatlon.

En el atletismo lo entendieron, en ciclismo no. Hace solo unos días, la UCI, la federación internacional del deporte, anunció a bombo y platillo los recorridos que tendrán las pruebas en ruta de los Juegos Olímpicos de Tokio en 2020. La nota de prensa, como suele ser común en estos casos, cacareaba la belleza de los parajes y la dureza de la ruta, lo especial que será el evento, tan especial al menos como todos los demás, siempre presentados con fanfardia. Nadie recuerda un comité organizador que al comentar los parajes por los que pasarán los ciclistas diga algo diferente a que es lo mejor que puede imaginar el ser humano para la prueba.

Hay argumentos para darles la razón, pues la prueba masculina pasa por el Monte Fuji, un volcán que se encuentra entre los parajes naturales más fotografiados del mundo que es, también, uno de los tres montes sagrados que refleja la tradición de Japón y patrimonio de la humanidad. Una escalada dura en un lugar que buena parte de la humanidad es capaz de reconocer con tan solo ver una foto. Claro que eso será en la prueba masculina porque los rectores del ciclismo han decidido que la durísima y bellísima prueba no es apta para ellas.

La prueba masculina, que comparte con la femenina la primera parte, consta de 234 kilómetros y un desnivel total de 4.865 metros. Coronará el pico Fuji, a 1.451 metros de altitud, y también el Mikuni, una cota colocada a pocos kilómetros del final de la prueba del que la nota de prensa afirma que tiene 6.5 kilómetros de ascenso, con una pendiente media de 10,6% que llega a ser de un 20% en algunos sectores.

La comparación con el perfil femenino es llamativa. Salen y llegan en los mismos lugares, pero ellas recorren 137 kilómetros, un desnivel total de 2.692 metros y el pico Doushi como pared más llamativa. Este alto está incluido también en la prueba masculina, pero la nota de prensa no cuenta nada de su dureza, probablemente porque no la tiene o es escasa.

Un portavoz de la Unión Ciclista Internacional ha declarado que las regulaciones de la organización establecen que las carreras femeninas tienen que estar entre 130 y 160 kilómetros de distancia mentras que la masculina necesitaría ser más larga, pues el mínimo es de 250 km., pero en este caso la ven compensada por la mayor dureza del relieve que en otras ocasiones. También remarca que los participantes en los Juegos son significativamente menos que en los mundiales. Se espera, además, que el clima sea húmedo y caluroso, lo que también ha sido en cuenta para la confección del recorrido.

La UCI también explica que se estableció que la salida tendría que ser en Tokio y la llegada en el circuito de Fuji, ambos a una distancia considerable lo que limitaba las posibilidades del recorrido y aseguran que la ruta tendrá una atmósfera especial gracias a los aficionados. También señalan que la UCI escucha a los anunciantes para consideraciones futuras.

Lugares icónicos que ellas no verán

“Yendo a lugares icónicos del turismo, como la región de los cinco lagos de Fuji, las rutas garantizarán un ilusionante espectáculo para los aficionados que se sitúen en las cunetas y para aquellos que alrededor del mundo vean las imágenes por televisión”, explica David Lappartient, presidente de la UCI, en una manera como otra cualquiera de vender la moto. “Será difícil controlar la carrera y eso permitirá muchos ataques y una ruta agresiva desde el principio”, relata Thomas Rohregger, asesor técnico. Es obvio que se refiere a la prueba masculina, pues en la femenina no hay ni cotas ni distancia para hacer de la carrera algo muy llamativo.

Claro que es casi peor lo de Yoshiro Mori, presidente del comité organizador de los Juegos: “Durante la segunda parte de la carrera los ciclistas verán el Monte Fuji, uno de los más icónicos lugares de Japón, es un recorrido imponente, cada vez más emocionante a medida que progresas, con altos que darán uno de los desafíos más grandes en los recientes Juegos Olímpicos y tendrán una atmósfera que recordará a las legendarias carreras europeas”. Todo, por supuesto, referido a la prueba masculina.

No hay una explicación a las diferencias, y es posible que sea mejor así. En el caso de buscar algo en la ciencia que justificase una ruta más benévola con ellas que con ellos, lo más probable es que se dieran de bruces contra la realidad. Además de la cuestión empírica, las mujeres ya compiten en igualdad de distancia y dureza con los hombres en otros deportes físicamente agotadores, están los estudios, que dicen que cuanto mayor es la distancia y la dureza más se reducen las diferencias entre ambos sexos. Algo que, en los últimos años, se ha demostrado en el Ultra Trail del Mont Blanc.

Ni siquiera es algo nuevo. En los campeonatos del mundo de Bergen, la contrarreloj femenina no pasó por el monte Floyen, que era la guinda del pastel o los de esta temporada, en Innsbruck, donde hay un puerto el Höll con rampas del 28% en la prueba masculina que desaparece en el caso de las chicas.

Julia Takacs le dio a España la primera medalla de los Europeos de atletismo, un bronce. En cualquier otro campeonato previo no hubiese existido, pues era la primera vez que la competición veía a las mujeres en la caminata de 50 kilómetros. Se necesitó para ello un tiempo de reivindicación, someter las típicas resistencias conservadoras de las federaciones y, en definitiva, derribar varias barreras. El argumentario previo comentaba que igual no resistían ese kilometraje, durísimo, aunque si se tiene en cuenta que ya desde hace años corrían maratones y que el triatlón femenino está ahí desde que se incluyó el deporte en los Juegos, sonaba un poco endeble la apelación. Ahora, dicen, solo queda igualar la diferencia entre el héptatlon y el décatlon.

En el atletismo lo entendieron, en ciclismo no. Hace solo unos días, la UCI, la federación internacional del deporte, anunció a bombo y platillo los recorridos que tendrán las pruebas en ruta de los Juegos Olímpicos de Tokio en 2020. La nota de prensa, como suele ser común en estos casos, cacareaba la belleza de los parajes y la dureza de la ruta, lo especial que será el evento, tan especial al menos como todos los demás, siempre presentados con fanfardia. Nadie recuerda un comité organizador que al comentar los parajes por los que pasarán los ciclistas diga algo diferente a que es lo mejor que puede imaginar el ser humano para la prueba.

GONZALO CABEZA

Hay argumentos para darles la razón, pues la prueba masculina pasa por el Monte Fuji, un volcán que se encuentra entre los parajes naturales más fotografiados del mundo que es, también, uno de los tres montes sagrados que refleja la tradición de Japón y patrimonio de la humanidad. Una escalada dura en un lugar que buena parte de la humanidad es capaz de reconocer con tan solo ver una foto. Claro que eso será en la prueba masculina porque los rectores del ciclismo han decidido que la durísima y bellísima prueba no es apta para ellas.

La prueba masculina, que comparte con la femenina la primera parte, consta de 234 kilómetros y un desnivel total de 4.865 metros. Coronará el pico Fuji, a 1.451 metros de altitud, y también el Mikuni, una cota colocada a pocos kilómetros del final de la prueba del que la nota de prensa afirma que tiene 6.5 kilómetros de ascenso, con una pendiente media de 10,6% que llega a ser de un 20% en algunos sectores.

Perfil prueba masculinaPerfil prueba masculina
Perfil de la prueba femenina. Perfil de la prueba femenina.

La comparación con el perfil femenino es llamativa. Salen y llegan en los mismos lugares, pero ellas recorren 137 kilómetros, un desnivel total de 2.692 metros y el pico Doushi como pared más llamativa. Este alto está incluido también en la prueba masculina, pero la nota de prensa no cuenta nada de su dureza, probablemente porque no la tiene o es escasa.

Un portavoz de la Unión Ciclista Internacional ha declarado que las regulaciones de la organización establecen que las carreras femeninas tienen que estar entre 130 y 160 kilómetros de distancia mentras que la masculina necesitaría ser más larga, pues el mínimo es de 250 km., pero en este caso la ven compensada por la mayor dureza del relieve que en otras ocasiones. También remarca que los participantes en los Juegos son significativamente menos que en los mundiales. Se espera, además, que el clima sea húmedo y caluroso, lo que también ha sido en cuenta para la confección del recorrido.

La UCI también explica que se estableció que la salida tendría que ser en Tokio y la llegada en el circuito de Fuji, ambos a una distancia considerable lo que limitaba las posibilidades del recorrido y aseguran que la ruta tendrá una atmósfera especial gracias a los aficionados. También señalan que la UCI escucha a los anunciantes para consideraciones futuras.

Lugares icónicos que ellas no verán

“Yendo a lugares icónicos del turismo, como la región de los cinco lagos de Fuji, las rutas garantizarán un ilusionante espectáculo para los aficionados que se sitúen en las cunetas y para aquellos que alrededor del mundo vean las imágenes por televisión”, explica David Lappartient, presidente de la UCI, en una manera como otra cualquiera de vender la moto. “Será difícil controlar la carrera y eso permitirá muchos ataques y una ruta agresiva desde el principio”, relata Thomas Rohregger, asesor técnico. Es obvio que se refiere a la prueba masculina, pues en la femenina no hay ni cotas ni distancia para hacer de la carrera algo muy llamativo.

Claro que es casi peor lo de Yoshiro Mori, presidente del comité organizador de los Juegos: “Durante la segunda parte de la carrera los ciclistas verán el Monte Fuji, uno de los más icónicos lugares de Japón, es un recorrido imponente, cada vez más emocionante a medida que progresas, con altos que darán uno de los desafíos más grandes en los recientes Juegos Olímpicos y tendrán una atmósfera que recordará a las legendarias carreras europeas”. Todo, por supuesto, referido a la prueba masculina.

No hay una explicación a las diferencias, y es posible que sea mejor así. En el caso de buscar algo en la ciencia que justificase una ruta más benévola con ellas que con ellos, lo más probable es que se dieran de bruces contra la realidad. Además de la cuestión empírica, las mujeres ya compiten en igualdad de distancia y dureza con los hombres en otros deportes físicamente agotadores, están los estudios, que dicen que cuanto mayor es la distancia y la dureza más se reducen las diferencias entre ambos sexos. Algo que, en los últimos años, se ha demostrado en el Ultra Trail del Mont Blanc.

Ni siquiera es algo nuevo. En los campeonatos del mundo de Bergen, la contrarreloj femenina no pasó por el monte Floyen, que era la guinda del pastel o los de esta temporada, en Innsbruck, donde hay un puerto el Höll con rampas del 28% en la prueba masculina que desaparece en el caso de las chicas.

El Monte Fuji. (Reuters)

El Monte Fuji. (Reuters)

Las ciclistas, decepcionadas

Alarmante, pero no sorprendente, en realidad el ciclismo es uno de los deportes que menos en serio se ha tomado la necesidad de la igualdad. No existe el Tour de Francia y lo más parecido, el Giro, solo le dio a la ganadora, Annemiek van Vleuten la irrisoria cantidad de de 557,30 €. Y eso que en diez días de carrera su equipo ganó seis etapas, el primer y el tercer puesto en la general, la regularidad y la montaña. Van Vleuten aforma que los premios no se han modificado desde hace diez años.

“Decepcionada (!de nuevo¡) al ver las diferencias entre los perfiles de hombres y mujeres de Tokio 2020”, expresaba la campeona, que también lo es del mundo, en un tuit al conocer el recorrido de la prueba. Peor todavía, Iris Slappendel, que estaba en la comisión de carrera de la UCI, contaba que cuando dejó esas reuniones se suponía que iba a haber dos carreras “fáciles” tanto para los hombres como para las mujeres, pero finalmente no fue así. Y Marianne Vos, otra de las mejores ciclistas del mundo, recordaba que sí, que las carreras las hacen duras los ciclistas pero que “la señal que se manda con dos tipos diferentes de recorrido entre hombres y mujeres no es la igualdad por la que aboga el COI”.

Y todo esto, para mayor escarnio, en un olimpismo que, en teoría, ha cogido definitivamente el camino de la igualdad. De hecho, la agenda 2020, que es el principio rector más reciente del COI, habla de la necesidad de crear más oportunidades para las mujeres, de incentivar su participación e igualar sus pruebas. También invita a la creación de más pruebas mixtas donde ambos sexos compitan por igual.

Así va siendo en todas partes. Los recorridos en triatlón son los mismos, como lo son también en la maratón y la marcha. La natación en la piscina contará por primera vez con los 1.500 femeninos, pues hasta ahora estaban topados en 800 metros y las aguas abiertas, como ya venía siendo común, tendrán una prueba de 10 kilómetros en ambos casos. La natación ha seguido las recomendaciones hasta el punto de estrenar en Tokio un relevo mixto, como ya hiciera el tenis con su prueba mixta que verá sus terceros Juegos Olímpicos.

La dirección global es obvia para cualquiera, pero en ese “cualquiera” por el momento no están incluidos aquellos que mandan en el ciclismo mundial.