22/01/2018 – Vivir en un pueblo como factor de protección social

La vida en el pueblo puede reducir el riesgo de exclusión y asegurar las necesidades básicas de sus habitantes.

Hace justo medio año ya, escribí un post un tanto alarmante sobre los problemas y el riesgo de exclusión que padecen mayoritariamente las personas que viven en zonas rurales. Sin intención de retractarme realmente, pues nada de lo que escribí entonces es mentira ni desafortunadamente ha cambiado; me gustaría en esta ocasión lanzar algo de luz sobre la situación, señalando qué características de la vida en el pueblo, pueden contrarrestar las no tan buenas de la misma.

Quizá sea por deformación profesional como educador social, que suelo darle una pequeña vuelta a las ventajas e inconvenientes de vivir en un contexto, para verlas como factores de riesgo o protección para las personas que habitan en dicho lugar. Hace poco tuve la oportunidad de visitar Madrid y disfrutar de todas las actividades, monumentos y servicios de una gran ciudad, sin embargo, una de las primeras cosas que me llamó la atención es lo realmente palpable que es la pobreza extrema en las calles de nuestra capital.

Como factores de riesgo de exclusión, me refiero a todas aquellas variables (personales, sociales, económicas, ambientales, etc.) que hacen que se agrave la situación de exclusión de la persona. En este caso, como comenté al principio, nos podemos encontrar con esas situaciones que describí en un post anterior, como puede ser la ausencia de centro médico, desaparición del colegio, falta de transporte público suficiente, etc. Al fin y al cabo todo lo que provoque que la vida de las personas del lugar no tenga la calidad necesaria, pero que se solucionaría frenando la despoblación de las zonas rurales.

Por eso hoy quiero hablaros de los factores de protección, que son esas otras situaciones, actitudes, valores, realidades, etc., que contribuyen a prevenir, reducir o paliar la situación de exclusión de una persona. Vivir en el pueblo se puede considerar un gran factor de protección desde el punto de vista que quiero defender, paraguas bajo el que los y las habitantes del mismo pueden vivir con mejor calidad y seguridad que en las grandes ciudades o al menos que aseguren la cobertura de necesidades básicas.

¿Qué hace de la vida en el pueblo un factor de protección?

  • Mayores y más extensas redes familiares: Las personas que se han criado en el pueblo, es más probable que mantenga un contacto mucho más cercano y directo con toda la familia, especialmente la familia extensa (abuelos y abuelas, tios, primas, etc.). La familia es uno de los pilares más importantes para el desarrollo de la persona, por ello, la cercanía y disponibilidad de la misma no hará más que mejorar la vida de todos y todas. De hecho, la pertenencia al individuo a una familia y su cercanía reduce los riesgos de caer en pobreza extrema ya que la familia no deja de ser una unidad de convivencia en la que se comparten cargas y recursos. Al menos en el contexto rural que conozco, es difícil encontrar a personas viviendo en la calle, ya sea por la mayor y más asequible disposición de una vivienda o el hecho de que la “casa familiar” herencia de nuestros ascendientes es algo que permanece en el entorno rural pero que la desvinculación social y familiar de las personas que emigran a las ciudades han perdido.
  • Mayor cohesión social en el contexto: No sólo la red familiar tiende a ser mayor en los pueblos, también las de amistad. Mientras que en las ciudades pocas veces conoces al vecino o a la vecina, en los pueblos las relaciones sociales suelen ser mucho más amplias. Esto lleva a que las personas residentes en localidades más pequeñas, tiendan a tener en cuenta al otro en mayor medida, se preocupen más por los demás, ya que son personas conocidas. La solidaridad vecinal en los pueblos es algo mucho más visible que en las grandes ciudades.
  • Mayores recursos de bienestar social para los habitantes: Particularmente para las personas en situación de exclusión o en riesgo de estarlo, vivir en un pueblo le da una seguridad que difícilmente se puede dar en la ciudad. Por poner un ejemplo, en un paseo por cualquier calle de una gran ciudad, nos podremos encontrar con personas sin hogar o personas pidiendo para poder comer. Los recursos son limitados, pero al haber menor población con necesidades en los pueblos, se suelen destinar mejor desde las instituciones locales, pudiendo cubrirse las necesidades particulares en mejor medida que en las ciudades.
  • Mayor relación con instituciones y entidades públicas: Como señalaba anteriormente, en un pueblo casi todos los habitantes se conocen. Esto hace que conozcamos y tengamos una mejor y más cercana relación también con los responsables de las diferentes instituciones y entidades, como por ejemplo el Ayuntamiento, el Centro Escolar o el Centro de Salud. Esto facilita siempre el acceso del ciudadano o ciudadana al mismo, estableciéndose así una mayor confianza en las instituciones, cosa que poco a poco se va perdiendo cada vez más. Por otro lado, también esa cercanía beneficia a la definición de las políticas públicas ya que los responsables podrán conocer más directamente las problemáticas de sus ciudadanos y ciudadanas dando respuestas más acertadas a sus necesidades.
  • Mejores condiciones ambientales: La vida en la ciudad cada vez se vuelve menos sana. La contaminación, la baja calidad del aire, la escasez de zonas verdes, sistemas de saneamiento más complejos, hacen de las ciudades un lugar donde cada vez cuesta más tener buena salud. Ya se ha demostrado por ejemplo como la contaminación ambiental causa miles de muertes en España. Las condiciones ambientales en los pueblos y zonas rurales siempre serán mucho mejores, donde hay un mayor contacto con la naturaleza, el aire es más puro y hay menor concentración de medios de transporte e industrias contaminantes.
  • Menor riesgo de padecer enfermedades: Íntimamente relacionado con el punto anterior, la vida en un lugar con mejor condiciones ambientales, necesariamente se traduce en reducción de las posibilidades de padecer enfermedades derivadas de las malas condiciones ambientales. Está incluso demostrado como en zonas rurales, es menos probable de padecer cáncer que en zonas urbanas. Pero incluso otras enfermedades como la ansiedad o la depresión son mucho menos comunes en localidades más pequeñas, debido a que se dispone de más tiempo libre y se vive a un ritmo mucho más relajado, reduciendo el estrés.

Como podemos comprobar, la vida en el pueblo aporta muchos beneficios a nivel social y de salud sin olvidar los grandes retos a los que se enfrentas dichas zonas. Como conclusión, la importancia del individuo como un elemento más visible y activo de comunidad juega en favor de la cobertura de las necesidades básicas de la población en las zonas rurales. La despersonalización de la pobreza extrema en las ciudades y el excesivo individualismo de sus habitantes hace mucho más difícil que una persona pueda recuperarse cuando cae en una situación de exclusión social severa. Mientras tanto, es más difícil caer en pobreza extrema en los pueblos puesto que allí cada persona es conocida, valorada e integrada en la comunidad la cual teje una red de seguridad que actúa en las situaciones de riesgo anteriormente descritas.

Obviamente, no quiero caer en la culpabilización de las ciudades como factor único y exclusivo de riesgo ya que si fuera así no existiría éxodo rural. Sin embargo, ambas formas de ordenación de la población deben aprender de la otra, lo cual hace innegable que la importancia de la persona en comunidades rurales nos hace ver y sentir que somos parte de la sociedad y que, en cierto modo, estamos más protegidos que si estuviéramos en medio del bullicio y anonimato urbano.